miércoles, 4 de octubre de 2017

EN BÚSQUEDA DE MI ORIGEN FAMILIAR.


Por:
Elis M. Sánchez Ruiz.

Muchos autores han hablado de la familia realizando numerosas conceptualizaciones y tipología, como la descrita por Alberto Strauss (1995) que expresa Familia: ¨es un grupo que tiene una estructura básica (padre, madre, hijos) habitando en un espacio durante ciclos vitales, que tiene como fin cumplir con funciones sexuales, reproductoras, económicas, socioeducativas y afectivas y que funciona como un sistema con sus propias reglas¨. Pero­ ¿Nos hemos sentado alguna vez a pensar sobre nuestra existencia en nuestras familias y lo que esta significa realmente para nosotros? y saber ¿De  dónde venimos?
Para los creyentes sin importar el grupo  religioso, la familia es instituida por  Dios, pero ¿Qué piensan las personas que no creen en este ser superior­?
Vemos nuestro origen familiar y buscamos respuestas, entender de dónde venimos, en ocasiones nos crea negación porque queremos ser más que nuestros padres o abuelos, nos sentimos ser seres superiores a ellos, pero ¿A dónde nos lleva todo esto?


Nuestro sistema familiar, sistema lleno de personas fuertes, decididas, triunfadoras, luchadoras, honestas, pero también con personas no gratas, asesinos, violadores, crueles, ladrones, que marcan nuestro pasado y a los cuales decidimos serles leales.
Cuando por primera vez nos piden que hagamos nuestro árbol genealógico nos llenamos de dudas e incertidumbres y abrumamos a todos los que podamos, para que nos cuenten la historia de nuestro origen, ahí nos damos cuenta que tenemos el nombre de nuestro abuelo o bisabuelo, o quizás  una combinación de ambos, o que tenemos los ojos de la abuela y la sonrisa del abuelo por citar algunos de los hallazgos.
Pero ¿Qué tan fieles podemos llegar a ser a nuestro sistema familiar? a esas creencias y costumbres que aprendimos de generación en generación, que marcan nuestras vidas sin darnos cuenta, marcando nuestro accionar, incluso llegamos a ser tan parecidos a nuestros padres que pareciéramos ser una copia perfecta de ellos, pero ¿Qué tan consientes estamos de esa realidad?, o simplemente decimos “mis padres y yo no somos iguales”, y llegamos a ser dignos hijos de nuestros padres.
Pasamos toda una vida buscando respuestas a numerosos problemas y situaciones, pero olvidamos buscar en el lugar más importante, la fuente de todo, el manantial de nuestras vivencias, de lo que nos conecta, de lo que nos permite sentir que pertenecemos con una lealtad invisible, con un profundo amor y lealtad a nuestros orígenes.




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