miércoles, 26 de julio de 2017

“Vida emocional de los niños en la familia”

Por:
Patria Rodríguez 
 Esther García M.

Las emociones están presentes en cada instante de nuestras vidas y de nuestras relaciones, el saber controlarlas, gestionarlas y utilizarlas nos ayuda a lograr una  inteligencia emocional adecuada, permitiéndonos sin lugar a dudas afrontar nuestro día a día  de un  modo eficiente.
En la actualidad, hablar de la vida emocional de nuestros hijos se ha convertido en un gran desafió, esto es debido a  que los cambios acelerados de la vida cotidiana de los seres humanos es cada vez mas estresante, contamos con niños de conducta agresiva y con jóvenes que se ven expuestos a riesgos, influenciados  por el medio que les rodea.
Por tal razón, recae sobre los padres la responsabilidad  de educar las emociones de los hijos, logrando un efecto positivo sobre el ajuste psicológico, sobre el rendimiento académico y sobre las relaciones sociales, disminuyendo  al mismo tiempo  la conducta de agresión en los niños.
Esta manera de los padres enseñar a los hijos a canalizar sus emociones y a identificarlas da importancia a que los niños aprendan a controlarse y a ser empáticos con los demás, en relación a esto, es recomendable iniciar desde muy pequeñitos enseñándoles a reconocer las emociones básicas,  tales como; alegría, tristeza, miedo y rabia.  Debido a que los niños comienzan a reconocer en la expresión facial diferentes emociones y a establecer acciones en torno a lo que observan en la expresión de los demás (Izard, 1994).
Así también, es bueno trabajar en ellos la buena  comunicación, el desarrollo de la  empatía, tolerancia a la frustración, escucha activa y el diálogo democrático.  Que ellos puedan expresar sus sentimientos y expresar sus emociones, decir cómo se siente  y  que puedan valorar cómo se siente los demás.
Los niños y niñas preescolares en su mayoría no han desarrollado la capacidad de entender que las personas pueden hacer manejo de la expresión emocional dependiendo de la situación (Bussey, 1992).
En el caso de los niños con una incapacidad deficiente para aceptar la frustración es probable que el día de mañana esté expuesto a tener que vivir con la infelicidad y ser incapaces de comprender a los demás.


El saber comunicarse, el reconocer las emociones propias y ajenas, son sin duda imprescindible para que los niños vayan madurando poco a poco, nosotros podemos darles esa oportunidad a través de la educación de las emociones, para que a su vez vayan cultivando buenas relaciones interpersonales al integrarse en la sociedad y ser felices en ella.

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